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Individualidad y conciencia colectiva – 2da Parte
Individualidad y conciencia colectiva – 2da Parte

3, agosto 2012

La semana anterior, basados en el trabajo sociológico de Durkheim, observábamos ejemplos sobre como el grupos social al que pertenecemos marca muchos de nuestros comportamientos. Ahora bien, hay que decirlo, las iniciativas particulares también terminan por hacerse presentes e influir en el comportamiento del grupo. Hay reglas que si bien en un principio eran contrarias a esa <actitud> tan nuestra como mexicanos de hacer lo que nos de la gana, al imponerse, parece que poco a poco se convierten en naturales. Cada vez es menos frecuente, por ejemplo, ver a un automovilista circulando por al carril del Metrobús, no sé de nadie que haya logrado dar mordida en un alcoholímetro para que no le hagan la prueba, en fin, el caso es que en apariencia, esas pequeñas modificaciones que parecieran llegar de lo individual, también terminan por integrarse a ese <comportamiento colectivo> del que habla Durkheim. En el caso de que lo que dice Durkheim fuera completamente cierto, las conductas sociales permanecerían inamovibles con el paso de las generaciones, sin embargo el grupo social también se ve influido por acontecimientos aislados o por acciones o propuestas individuales que hacen que la dinámica social se transforme. Es innegable que un triunfo importante, pongamos por caso, en lo deportivo con una medalla de oro olímpica de un competidor en lo individual cambia, al menos temporalmente, el estado de ánimo y la visión del grupo en su conjunto y ese efecto puede llegar a manifestarse incluso en le desempeño y convicciones del individuo en particular. Durkheim habla de que el hecho social puede descubrirse de dos maneras: “primero, por su poder de coacción sobre los individuos […] y segundo, por su difusión general dentro del grupo”. Sin embargo no reconoce el sentido inverso, que a mi juicio también influye. Ahora bien, otro factor importante de este filósofo consiste en que si bien los fenómenos sociales hunden sus raíces en las creencias y las prácticas del grupo, lo cierto es que tampoco son fenómenos universales, y así, “una idea que está en todas las conciencias individuales no por eso es social… […] ciertos modos de obrar y de pensar, ejecutados repetidamente, se cristalizan como patrones, diferenciables de los sucesos particulares que los reflejan”. De este modo, esos patrones adquieren una forma tangible y constituyen una realidad fundada por derecho propio, que no siempre están cerca de los comportamientos individuales.

Émile Durkheim (1858–1917)

Durkheim insiste una y otra vez que el estudio de los hechos sociales no puede confiarse al método de la introspección. Las ideas que cada quien tiene de las cosas, no siempre –por no decir que casi nunca– se corresponden con la cosa en sí. De esta manera determina que los hechos individuales y los de la vida colectiva se relacionan entre sí, pero no son coincidentes. Desde mi manera de ver, la parte más interesante de todo el trabajo de Durkheim es su concepto de <consciencia colectiva>. Así como el propio filósofo diferenciaba la solidaridad mecánica de las sociedades arcaicas y la solidaridad orgánica de las adelantadas, ahora quizá podríamos hablar de la <solidaridad fragmentaria> de nuestro tiempo. La conciencia social de nuestro tiempo parece estar formada por un sin fin de fragmentos en apariencia dispersos e independientes, pero que le dan forma a una sociedad que piensa justamente así: de manera dispersa e independientes unos de otros, pero sin embargo en esa dispersión parece caber cada vez más una mayor posibilidad de inclusión de asuntos dispersos e independientes. Hoy hay cientos de canales de televisión, cientos de actividades distintas, desde deportes hasta disciplinas artísticas, pasando por videojuegos y realidades virtuales impensables siquiera en otro tiempo, hay miles de posibilidades en internet, hay decenas de posibilidades tecnológicas simultáneas para un ciudadano promedio de un país desarrollado (celular, ipod, internet, tv, redes sociales, y un larguísimo etcétera) y esto sin duda provoca una enorme dispersión, pero a la vez predispone para la apertura y la recepción de nuevos estímulos. Pareciera que ésta es la característica más evidente de las sociedades actuales: la apertura a un número de estímulos cada vez mayor. De esta manera, la interdependencia, que en las sociedades orgánicas de Durkheim se daba en la mentalidad y moralidad humanas, quizá ahora se da en el intercambio tecnológico y un nuevo código moral que privilegia la comunicación a distancia por encima de la interpersonal y física. Hoy tiene mucho mayor impacto, y llega a mucha más gente, un <trending topic> de twitter, que una movilización de individuos de las que hasta hace no mucho se utilizaban como único mecanismo de protesta y comunicación masiva por parte de los individuos investidos como grupos social. Durkheim afirmaba que “que la fusión de las mentalidades individuales engendra una especie de unidad psíquica perfectamente distinguible de los individuos”. Pienso que esta fusión continua dándose, sólo que ahora los mecanismos son distintos, puesto que están basados en la comunicación tecnológica, que si bien es eficiente en ciertos aspectos de los contenidos, no lo es en el ámbito de relación humana verdadera. Aun es pronto para saber las consecuencias profundas de esta nueva modalidad de intercambio y seguramente los resultados terminarán por sorprendernos. Lo cierto es que, de una manera o de otra, estamos montados en la cresta de una ola que no sabemos bien a bien a dónde nos lleva. Desde luego que podríamos hablar mucho más sobre este sociólogo, pero tomemos sólo estos fragmentos de su teoría puesto que considero que lo retratan de manera suficiente y dan material para contrastarlo con Weber. Pero eso será en la próxima semana, con última entrega de este texto.