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Apuntes sobre la Libertad - 2
Apuntes sobre la Libertad - 2

12, octubre 2012

En el apunte anterior hablábamos sobre la trascendencia de que en el mundo entero se garantice el <derecho a la vida>. En esta ocasión profundizaremos un poco más en algunos de los puntos de inflexión que impiden que este derechos sea, en la práctica, plenamente reconocido y aplicado. Resulta sorprendente que este <derecho a la vida> tan evidente y tan fácil de sostener desde la retórica, resulte tan inaprensible en la práctica, donde, para entender la complejidad del asunto, tendría que abordársele desde al menos cuatro situaciones de excepción: el aborto en determinadas circunstancias, la pena de muerte, el asesinar “justificadamente” a un semejante ya sea durante una guerra o como miembro de una fuerza policiaca o de seguridad y la eutanasia, entendida como la decisión consciente y libre de un individuo sobre su propia vida, o en su caso, la de un familiar respecto a un individuo que tiene muerte cerebral y por lo tanto ha perdido de forma irreversible su vida mental, emocional y espiritual, quedándole sólo la física y aun esta, de forma limitada y dependiente de una máquina. Como se ve, el puro hecho de hablar de la conservación de la vida ya implica una discusión profunda y compleja, en la que aun ante la obviedad de la sentencia que califica la vida como el valor máximo de las personas, en la práctica ni siquiera es sencillo alcanzar un acuerdo general al respecto. Ya no se diga esto con la libertad, que es un valor sujeto a un sin fin de consideraciones adicionales y subjetivas, como es el caso, por ejemplo, de la propia iniciativa del sujeto de libertad para ejercerla. En contraposición con el racionalismo ultranza, el materialismo y la fenomenología, todo mi planteamiento se sostiene en un gran supuesto que ya semblanteaba renglones atrás: el hombre no es únicamente carne y la existencia no es sólo aquello que se puede tocar. El mundo material es el referente sobre el cual existimos y sobre el cual funcionan nuestros aparatos sensitivos –es decir, los sentidos– sin embargo soy un absoluto convencido de que no somos sólo materia y que nuestra esencia está constituida por una diversidad de dimensiones. Así como somos un cuerpo físico, también somos mente (y no hablo del cerebro como conjunto de células, aún cuando los estímulos nerviosos de los pensamientos se manifiesten ahí, sino a mente como una especie de universo donde están las ideas, los pensamientos, los códigos morales, etc. y que no parece tener ubicación física; al menos que yo sepa nunca ha sido posible diseccionar una idea), somos seres emocionales, que sentimos, que amamos, somos espíritu en busca de realización y trascendencia, en fin, existimos en una enorme diversidad de ámbitos y dimensiones, donde la material es sólo una de ellas. Pienso que todo esto, si bien es imposible demostrarlo mediante un experimento científico, si es posible percibirlo mediante la experiencia. Tenemos un cuerpo, pero no somos solo cuerpo. Nuestra personalidad profunda, la verdadera, no está conformada solamente por nuestra carne. Donde nos presentamos, somos nuestro rostro, nuestro cuerpo, la ropa que elegimos usar y que se erige como un símbolo en sí mismo, una interpretación que hacemos de nosotros mismos y de lo que pretendemos proyectar, pero también nuestros pensamientos, nuestros deseos, nuestras filias, nuestras fobias, nuestra historia, nuestros amores, nuestras emociones, nuestra esencia espiritual, etc. Somos todo eso al mismo tiempo y cada una de esas partes, lejos de excluirse mutuamente, se integran en una sola personalidad y el derecho positivo sólo puede regular algunas de esas dimensiones pero no todas. Jamás iré a la cárcel por odiar a alguien a muerte, sin embargo quizá si vaya si mato a alguien de manera accidental. Así como en el primer caso el sentimiento, el pensamiento y el deseo de matar está presente, al no darse la acción material, el derecho positivo es impotente, en tanto en el segundo caso no hubo deseo, ni pensamiento, ni intención, pero al darse el hecho material, el derecho positivo ejecutará las sanciones correspondientes. Como se ve, no se trata de negar el derecho positivo, sino de colocarlo en su real dimensión, mientras que la gran facultad del ser humano de ser libre se manifiesta en todos los niveles de existencia y en todas las dimensiones donde el hombre se reconoce a sí mismo.