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Apuntes sobre la Libertad - 3
Apuntes sobre la Libertad - 3

19, octubre 2012

Hablábamos de colocar el <derecho positivo> en su real dimensión y para ello es indispensable analizar la existencia desde una amplia gama de puntos de vista. A diferencia de la vida física, que es objetiva y puede medirse, la libertad, como ya decía, es un valor que se manifiesta en múltiples dimensiones. Por un lado está la obvia: no estar preso, ni encadenado, ni sujeto a limitantes físicas o bajo un régimen dictatorial que determine o impida el libre tránsito, la asociación, la expresión, etc. Es decir todas aquellas que sanciona –de forma justa o injusta– el derecho positivo. Quizá en este nivel también la libertad sea un valor que podría llegar a alcanzarse, pero de ninguna manera será sencillo puesto que hay una multiplicidad de visiones que contemplan la libertad con ojos distintos. Nunca será lo mismo el concepto de libertad para un Estado-Iglesia como sucede con algunos países musulmanes de Oriente Medio contra la visión de libertad de una democracia liberal europea. Por otro lado la libertad también existe y se manifiesta en dimensiones no físicas y por lo tanto no objetivas. Yo puedo ser libre de pensar de determinada manera, de creer en determinadas cosas o de comportarme en un sentido u otro. De la misma forma resulta muy importante considerar que la libertad, al menos en los aspectos no físicos, no positivos, puede no ser ejercida. Si penamos que la vida de cada persona tiene un propósito, un afán de autorrealización –como pensaba Maslow– considero que, después de estar vivo y cubrir todas sus necesidades básicas, todo ser humano tiene el derecho de gozar de las condiciones adecuadas para convertirse en <la mejor versión de sí mismo> en todos los aspectos (físico, intelectual, cultural, económico, afectivo, emocional, etc.), y sin embargo este derecho muy pocas veces es ejercido a plenitud y quizá la razón principal para ello es que ejercerlo implica un enorme esfuerzo. Y es aquí, a mi juicio, donde la libertad individual, la verdadera, la <gran facultad del Hombre de ser Libre>, juega su más importante papel. Yo tengo la libertad de ejercer mi derecho a ser la mejor versión de mi mismo (alimentarme sanamente, ejercitar mi cuerpo, evitar todo aquello que me intoxique –amistades, vicios, hábitos, alimentos chatarra, etc.–, prepararme, amar, realizarme profesionalmente, otro largo etc.), pero la saboteo malentendiendo el verdadero concepto de Libertad al interpretarlo como el <derecho a hacer lo que se me ocurra>.

J. P. Sartre

Aunque comprendo, y en cierto sentido comparto las razones por lo que lo dijo, disiento en lo general de Sartre cuando afirmó que <el ser humano está condenado a la libertad>. Por el contrario, pienso que el ser humano está condenado a la esclavitud a menos que en plena conciencia asuma la responsabilidad sobre sí mismo y tome las acciones necesarias para liberarse; y aún esto habrá de lograrlo de manera relativa. Pero volviendo de nuevo al universo de derecho positivo y antes de entrar en el análisis de esas acciones conscientes, el ser humano nace en un entorno específico y distinto en cada caso. Por eso, una vez más, más allá de la obviedad de que el ser humano tiene el derecho a ser libre –consigna que comparto– me parece totalmente falso que sea posible conseguirlo a fuerza de frases retóricas y buenas intenciones. Yo analizaría el “derecho a la libertad” al menos en dos ámbitos distintos: la obligación que cada Estado tiene para con sus miembros y las decisiones que cada individuo en lo particular toma con el propósito de ejercerla. Pienso que en este sentido el Estado es un <facilitador> que tiene la obligación de generar las condiciones para que cada individuo pueda elegir lo que mejor le convenga. Pero esto no puede suceder en tanto el propio Estado no garantice la vida, la salud, la educación y una serie de condiciones más sin las cuales la libertad del individuo no es otra cosa que letra muerta. Absolutamente nadie puede ser libre en tanto sus necesidades básicas no estén cubiertas. Dicho en otras palabras, nadie puede ser libre mientras su preocupación fundamental consista en lograr la supervivencia. ¿Cómo puede ser libre un obrero que debe levantarse a las 5 am, transbordar de un camión a otro durante 3 horas, trabajar 8 por un salario minúsculo y de nuevo volver a casa tras otras 3 horas de transporte incómodo e inseguro? ¿Cómo podría exigírsele a alguien el esfuerzo requerido para <ser la mejor versión de sí mismo> mientras debe cumplir con horarios como esos y encima padecer carencias concretas que hacen su vida insatisfactoria? ¿A quien podría sorprenderle que un ciudadano sujeto a un esquema semejante (y sin la menor posibilidad de éste mejore) utilice sus pocos tiempos libres en actividades de evasión –TV, alcohol en exceso, fiesta y un larguísimo etc.– en vez de actividades con las que genuinamente ejerza su libertad (como sería el participar de las decisiones de su comunidad, estudiar nuevas y mejores expectativas de crecimiento y trabajo tanto para él como para su familia, desarrollar un hobby que exalte sus intereses y creatividad y otro largo etc. que lo acerque a esa <mejor versión de sí mismo> de la que hablaba antes)? Y podemos ir aun más allá, ponernos platónicos y preguntarnos ¿cómo habrá de ejercer su libertad alguien que no ha tenido ni el tiempo ni la educación para reflexionar y preguntarse quién es, qué quiere y cómo le gustaría lograrlo?