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Apuntes sobre la Libertad - 5
Apuntes sobre la Libertad - 5

2, noviembre 2012

Continuamos desarrollando el tema de la libertad, y además de comprender que sólo ejerciéndola podemos realmente convertirnos en seres plenos, es importante entender por otro lado la dimensión subjetiva de ella (tanto en el plano del derecho positivo como en la dimensión profunda). Por más buenas que sean las intenciones que expresen nuestros escritos filosóficos y jurídicos, el ejercicio de la libertad individual está sujeto a contextos. La ONU podrá decir que todos los hombres tiene derecho a ser libres –y tendrá razón en hacerlo y además yo afirmaré que es verdad–, pero la libertad (aun la amparada por el derecho positivo), primero colectiva –de cada país– y luego individual –de cada persona como miembro de ese colectivo– tendrá maneras diversas de llevarse a la práctica. Los seres humanos, tanto en lo colectivo como en lo individual formamos parte de una serie de contextos dentro de otros contextos, puesto que en un cierto sentido todas las pequeñas porciones de realidad que constituye cada individuo gozan de una conexión y una interdependencia con las demás unidades, del mismo modo que una comunidad está interdependientemente conectada con el resto de las que forman un país, el país con la región político-económica a la que pertenece y así sucesivamente. Ejemplos los hay por centenas, pero sólo por señalar alguno podríamos imaginar a aquel que soñó con ser químico o abogado, estudió, buscó trabajo desesperadamente, pero su contexto socioeconómico lo condujo a terminar conduciendo un taxi. Otro ejemplo de contextos influyendo en las decisiones de otros contextos podría ser el escenario hipotético donde México, ejerciendo su soberanía, decidiera que lo más conveniente para su seguridad interior es legalizar las drogas, pero en la práctica, el gobierno americano, inmerso en su propia realidad y contexto –y defendiendo sus propios intereses– se opondría al grado de lograr impedirlo (no quiero ni imaginar cuántas y en qué tan diversos ámbitos ha sucedido una dinámica semejante en el pasado). Pensemos en otro ejemplo de los contextos vinculados con otros contextos: todos los seres humanos tienen derecho a la libertad (y en lo profundo, en esencia, somos igualmente libres), sin embargo no imagino como podrían tener las mismas posibilidades de ejercerla entre un hombre blanco, anglosajón y nacido bajo el manto de una prominente familia de Wall Street con 10 generaciones estudiando en Harvard, contra una mujer nacida dentro de una familia pobre en una barrio musulmán ortodoxo de Irán. Ambos son seres humanos, ambos han nacido con el mismo derecho intrínseco a ser libres, y quizá ambos Estados –cada uno a su manera– promuevan y defiendan una forma de libertad, sin embargo pienso que es imposible que ambos gocen de la misma gama de posibilidades concretas para ejercer su voluntad y su libre albedrío, porque ambos pertenecen a realidades muy distintas y están sujetos a contextos muy distintos de los que no siempre –por no decir que casi nunca– es posible escapar. Sin embargo lo que si podrían, cada uno desde su propia perspectiva y realidad particular, es ejercer su facultad esencial de ser libres y convertirse en la <mejor versión de sí mismos> (cada uno dentro de su propio contexto), puesto que esta <mejor versión> no implica sólo el aspecto físico y material (donde sin duda las perspectivas más alentadoras son para el varón de Wall Street), sino también los aspectos y las dimensiones de la mente, la cultura, la emotividad y el espíritu. (Y, nunca se sabe, es posible que la mujer iraní consiga ejercer mejor su derecho a <convertirse en la mejor versión de sí misma> y termine siendo más plena y más feliz)   Retomando el comentario donde lo dejamos la semana anterior, la libertad, sin tomar en cuenta el contexto (sin un dónde, un porqué y un para qué) es mera acción sin sentido. La libertad sin marco de referencia donde ejercerla y sin considerar las dimensiones multiniveles e integrales de la existencia (mente, cuerpo, emotividad, cultura, relaciones interpersonales, espíritu, etc.) es un concepto vacío y carente significado profundo: en esos términos (en los de la definición de Hart), libertad es la que ejerce un perro callejero o un animal cualquiera, y aún ellos –al menos los que viven en su hábitat natural– la desarrollan dentro de un contexto y salvo excepciones, todos los seres vivos cumplen con el propósito para el que el ecosistema al que pertenecen les da cabida. Por eso, en principio, la existencia de contexto no tendría que ser buena ni mala –visto y clasificado desde el ámbito de lo moral– porque ambos (los sujetos del ejemplo anterior), al estar sumergidos en sus propios contextos, sin haber vivido ni conocido el otro, no necesariamente lo verán como una desventaja, sino como una circunstancia particular y quizá cada uno a su manera pueda tener una existencia plena y satisfactoria y podrá sin duda convertirse en la ya manida <mejor versión de si mismos>. Simplemente a lo que quiero llegar es que la libertad es mucho más compleja que como en apariencia la presenta Hart al principio de su texto y que quedó citada en la primera entrega de este texto. Lo que si me queda claro es que nadie –aun dentro de su propio contexto- podrá ejercer plenamente la libertad si antes no ha conservado la vida y después ha cubierto sus necesidades básicas (alimentación, salud, vestido, educación, etc.). De esta forma la libertad no es, desde mi punto de vista, un <derecho natural> sino una facultad arraigada en la misma esencia del ser humano. Yo no tengo <derecho> a tener manos o hígado o cerebro o capacidad de dar y recibir amor o creatividad, simplemente, por el hecho de ser humano, las tengo. Ninguna institución o gobierno me otorga el <derecho> a pensar, sentir o razonar: me son propios en tanto ser humano y van mucho más allá de mis estado o situación jurídica. De la misma manera, por el simple hecho de ser humano tengo la facultad de <ser libre> o de ejercer mi voluntad. Nadie me la da y nadie me la quita. La diferencia está en que para ejercer la libertad, así como para desarrollar la creatividad, el amor o el cuerpo físico, se necesitan una serie de condiciones básicas indispensables: la universalización de los derechos humanos (a la vida, alimentación, salud, educación, vivienda, justicia, equidad, etc.) Cuando vivimos en una sociedad (sea cual sea el contexto) que garantiza y respeta los derechos humanos fundamentales y permite que cada habitante goce sin restricciones de su derecho a vivir, a educarse, a la salud, a la vivienda, a las oportunidades de trabajo bien pagadas y bajo condiciones dignas, a la justicia, etc. entonces las condiciones estarán dadas para que ahora sí, cada individuo ejerza –o no– su facultad de ser libre. No estamos condenados a ser libres; en todo caso estamos condenados a asumir nuestra responsabilidad y aceptar las consecuencias de nuestras acciones u omisiones. Y es aquí donde entra en juego la gran obligación y la gran responsabilidad del Estado, pues en tanto estas condiciones y derechos básicos no estén al alcance de todos, la facultad de ser libre, y con ello estar en posibilidad de <ser la mejor versión de mi mismo> se circunscribirá a unos pocos –aquellos que puedan “pagarla”– y para el resto, <ser libre> será uno más de los múltiples <derechos honorarios> que las Constituciones generosamente les regalan, pero que en la vida real jamás logran conocer.