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Apuntes sobre la Libertad - 6
Apuntes sobre la Libertad - 6

9, noviembre 2012

Por último, y para cerrar esta reflexión no quisiera dejar pasar la posibilidad de comentar con más amplitud los conceptos desarrollados en el texto de Hart que he citado como pretexto de discusión desde el principio. Como semanas atrás, tengo la impresión de que este autor esboza un concepto de libertad chato y superficial. Aclara sus razones para describirla como un <derecho natural> amparado en los teóricos clásicos, sin considerar que éstos vivieron inmersos en unas realidades (contextos) sociales y culturales muy distintas a las de la actualidad. Incluso el propio Locke (1632-1704) habla de los derechos naturales en términos primigenios e insostenibles, y tan lo eran, que tuvieron que ampararse en la fundación de la <sociedad civil> para que los salvaguardara. Podemos corroborar la superficialidad de Hart al enterarnos de las dos razones que da para describir la libertad como un derecho natural: “1)Este derecho es uno que tiene todos los hombres si son capaces de elegir: lo tienen <qua> hombres y no sólo si son miembros de alguna sociedad o se encuentran en alguna relación especial entre sí. 2) Este derecho no lo crea o confiere la acción voluntaria de los hombres…”[1]. En el primer número habla de un derecho que tienen todos los hombres que <pueden elegir>. Por consiguiente, imaginemos un campesino de la sierra de guerrero, cuya única posibilidad de elección está entre sacar su cosecha sin los recursos, fertilizantes y demás herramientas apropiadas y quizá morir de hambre ante los precios bajos a los que le pagan los intermediarios o cultivar mariguana para un narco. ¿Eso es libertad? Francamente lo dudo. ¿O es que acaso la libertad es un derecho privativo para los ilustrados de clase media para arriba? Espero que no. Sobre el segundo punto, tampoco soy ingenuo o malintencionado y comprendo lo que Hart quiere decir. Coincido en la pertinencia de puntualizar que la propia condición humana da lugar a ese derecho (o facultad, como ya explicaba arriba), pero pensar que sólo enunciarlo, de manera automática y mágica, hará que en efecto el derecho se concrete me parece un argumento demasiado débil para un tema tan importante como es la Libertad. Pienso que justamente el meter la Libertad, entendida como el valor y la facultad suprema para <realización> del hombre, en el cajón de los <derechos positivos> puede prestarse a confusiones. Jurídicamente un derecho implica de forma necesaria una obligación, mientras que la Libertad, entendida como facultad esencial del espíritu humano, no tiene correlaciones materiales que le hagan contrapeso. La Libertad es lo que es y no requiere de un marco jurídico para darle sentido. Como ya dijimos, la Libertad forma parte, pero a la vez trasciende la realidad material objetiva y acompaña al ser humano en todos los ámbitos y dimensiones de su existencia: mental, emocional, afectiva, intelectual, espiritual y, desde luego, física. Ver la Libertad como un simple activo jurídico es otorgarle una dimensión incompleta y verla de esa manera es justo lo que genera la percepción de que nos debe ser <otorgada> por un tercero. Toda esta confusión es lo que ha provocado que, como nos dice Hart: “los juristas han aislado los derechos en este sentido (los que como la libertad no tienen como correlativo una obligación) y los han llamado libertades justamente para distinguirlos de los derechos en el sentido cardinalmente importante de un <derecho> que tiene un <deber> como correlativo[2]. Hart hace una larga disertación de la libertad y sus variantes, pero siempre vista como un <derecho positivo>, como una especie de ciudadanía que el hombre recibe por el simple hecho de nacer. Pero así como es el Estado quien, por medio de sus escritos, leyes fundamentales e instituciones, otorga y reconoce la ciudadanía (o la niega; recordemos que, por ejemplo, un preso pierde parte de sus derechos ciudadanos) la Libertad es una facultad de la que todo ser humano goza sin tener que pedirla y la que puede o no ejercer. Todos tenemos la capacidad de pensar, de razonar sin que ni el Estado ni nadie nos la reconozca, claro que no todos la ejercen. Sin embargo, como ha sucedido a lo largo de la historia, la posibilidad de expresar ese pensamiento si está sujeta al contexto donde se esté. Por eso es pertinente que las <modalidades específicas de libertad> que pueden o no ser concedidas (expresión, tránsito, ejercicio de una profesión, etc.) estén, esas sí, garantizadas por el Estado. Debe quedar muy claro que la <libertad de expresión>, la <libertad de culto>, la <libertad de asociación>, etc., no son lo mismo que la facultad esencial de ser Libre. Las primeras enumeradas están contenidas en la segunda, pero la segunda las trasciende puesto que no sólo funciona en la dimensión física, jurídica, social, sino que esa gran facultad de Libertad forma parte de la esencia humana en todas sus manifestaciones y en todos sus niveles y dimensiones (mental, emocional, sensual, sensorial, afectiva, espiritual, etc.) y es el mecanismo del que es espíritu humano –y si nos ponemos hegelianos, el Espíritu Absoluto– se vale como herramienta (acompañada de la voluntad y la acción) para realizarse en el ámbito personal.

 


[1] Hart H. L. A., “¿Existen los derechos naturales?” en Quitón, A., Filosofía Política, México, FCE, 1974, Pág. 85.
[2] Íbidem, Pág. 90.