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Berlín: la ciudad perfecta
Berlín: la ciudad perfecta

1, marzo 2014

Es extraña la sensación que tuve al estar en Berlín. Por un lado los alemanes son amables y correctos con el visitante, pero por el otro no fui capaz de entender lo que les pasa por la cabeza ni de interpretar remotamente sus emociones ni sus sentimientos.

Berlín es una ciudad reconstruida por completo. Luego de la Segunda Guerra Mundial no quedaron sino despojos y ruinas de esa enorme y poderosa nación que soñó con poseerlo todo. Sin embargo ahora -al menos en apariencia- no queda nada de esa devastación y derrota.

Supongo que en lo más íntimo los berlineses todavía no se recuperan del todo de sus heridas, y quizá la muestra más palpable sea ese afán casi enfermizo de ocultar.

Llegué a Berlín tratando de entender cómo se digiere que, luego de la más brutal de las derrotas –en especial cuando no se está acostumbrado a ella- tu ciudad de un día al otro amanezca dividida y atravesada por un muro.

Traté de ponerme en sus zapatos e imaginé qué hubiera sido de mí vida si aquel bloqueo sobre Reforma que padecimos en el verano del 2006 no hubiese sido virtual, sino real. De ser así, mi trabajo y gran parte de mi familia habrían quedado del otro lado. ¿Cómo se sigue adelante con eso? Además, en el caso berlinés no duró unas pocas semanas, sino varias décadas –con montones de muertos e intentos fallidos de fuga de por medio-. ¿Cómo puede superarse del todo una experiencia así?

Por eso mi sorpresa fue mayúscula al darme cuenta que prácticamente no quedan vestigios evidentes de esa ruptura forzada. Hoy Berlín es una sola ciudad –o al menos eso parece a simple vista- vanguardista, vigorosa y próspera. Todas las ruinas han sido reparadas o incluso se han reconstruido por completo y ya prácticamente no es posible saber cuál era la parte oriental y cuál la occidental –si acaso el sentido común de entender que, luego de las políticas de renovación y unificación, lo más nuevo pertenecía a Berlín de este-.

Hoy la excelencia alemana es la marca distintiva que aparece en cada cruce, en cada edificio y en cada avenida. Hoy Berlín –en especial para alguien que habita en el caos cotidiano de Latinoamérica- es una ciudad del futuro, es la ciudad perfecta donde todo funciona, donde cada cosa está en su sitio tal y como debería estar. Sin embargo salí de ella con la extraña sensación de no haberla comprendido en absoluto. Pero no pierdo la esperanza… quizá la próxima vez.