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Dylan y el Nobel

No tengo idea de si Bob Dylan tiene o no los merecimientos para que le sea otorgado el premio Nobel, pero su nombramiento ha abierto un espacio para reflexionar al respecto de diversos asuntos. 

Literatura: significado sin fondo – Parte 2

Además de las ideas ya expuestas, el autor propone una nueva disciplina a la que llama “Ciencia de la Literatura”. Afirma que si bien existe una “historia de la literatura” que se dedica a sistematizar y organizar todo aquello que ha sido escrito, no existe esa “ciencia de la literatura por la sencilla razón de que ha resultado imposible aún reconocer plenamente la naturaleza del literario”. Pero afirma que al reconocer que la obra está hecha con la escritura, con el lenguaje, esta ciencia es posible. La pretensión de buscar un implicaría imponer a la obra un sentido unívoco que no tiene ni puede tener, puesto que así se rechazarían todos las demás posibilidades de sentido. Por lo tanto, la “Ciencia de la Literatura” no será una disciplina de contenidos, sino una ciencia de las “condiciones” del contenido, es decir, de las formas: “lo que habrá de interesarle serán las variaciones de sentidos engendradas y, si puede decirse, por las obras: no interpretará los símbolos, sino únicamente su polivalencia; en suma, su objeto no será ya los sentidos plenos de la obra, sino, por el contrario, el sentido vacío que los sustenta a todos” .

Literatura: significado sin fondo – Parte 1

“Toda metáfora es un signo sin fondo” , nos dice Roland Barthes respecto a la búsqueda de significados dentro de la obra literaria, y a mí me gustaría ampliarlo diciendo que, al igual que toda obra literaria, toda obra de arte –sea de la naturaleza que sea– es una metáfora de significados múltiples. Es decir: el arte es una metáfora sin fondo. Esta imagen poética me sirve de pretexto para ejemplificar las razones por las cuáles es tan complicado –si no imposible- encontrar una definición de arte, de lo bello, del objeto estético, etc. Quizá en este caso –y en contra de ese afán tan humano de construirle fronteras a todo– definir el arte y la belleza sea estéril e inútil, puesto que al ser ambas de naturaleza subjetiva, pasa más por la sensibilidad de quién las recibe, que por la frialdad y cuadratura de un concepto cerrado.

Los tres ojos del conocimiento – 7ma Parte

Quizá lo más importante del texto de Wilber está por venir. Resulta sencillo hablar de conocimientos mentales/racionales o, peor aún, místicos/espirituales y darlos por buenos simplemente porque sí. Caeríamos justamente en la misma postura dogmática y sin fundamentos de la que queremos huir. Si algo nos ha demostrado la ciencia empírica es que su método de verificación, en el nivel sensorial, que es a la categoría que pertenece, resulta extremadamente certero y eficaz y por eso Wilber propone que la verificación de las otras dos jerarquías –mental/racional y místico/espiritual– se lleven a cabo de manera casi idéntica.

Los tres ojos del conocimiento - 6ta Parte

Lo que no puede verse, medirse y comprobarse por medio de los procedimientos empíricos y el método científico simple y llanamente no existe. Puede practicarse la intuición creativa, pueden desarrollarse los procesos mentales, lógicos y matemáticos, pero en tanto la ciencia no dé el visto bueno, no son parte de lo real, parte de la única y auténtica Verdad que existe. Quizá la única diferencia entre estos postulados y el dogmatismo medieval es que, al menos por ahora, no hay hogueras para los apóstatas, herejes y blasfemos. Y una vez más, es importante dejar claro que no es la ciencia el problema, al contrario, como ya dijimos, el desarrollo de ella nos llevó a dejar atrás infinidad de falacias y equívocos, lo verdaderamente pernicioso es el cientificismo miope que no da lugar ni espacio para verdad alguna que no sea la propia. “Mientras que la ciencia es positiva y se contenta con describir lo que descubre, el cientifismo es negativo porque va más allá de las conclusiones reales de la ciencia, negando validez de otros enfoques del conocimiento y rechazando la importancia de otro tipo de verdades” .

Los tres ojos del conocimiento - 5ta Parte

“La quinta esencia –nos dice Wilber– de la verdad carnal es el hecho empírico, la quintaesencia de la verdad mental es la intuición filosófica y psicológica, y la quintaesencia de la verdad contemplativa es la sabiduría espiritual” . Si la humanidad hubiera entendido esto desde el principio, tanto la filosofía como la religión habrían podido liberarse del intento por asumir el papel de pseudociencias y desarrollarse en su propio ámbito. Lamentablemente no creo que haya sido así, al menos no del todo. Si cada uno de los ojos se desarrollara en su propio ámbito y respetado los otros, cada uno habría podido alcanzar sus propias verdades sin descalificar las de los demás. Si la geografía hubiera respondido a la parte de las preguntas que le tocaban responder, el monje Cosmas, citado párrafos atrás, habría podido liberarse de tener que explicar la forma de la tierra a partir de premisas equivocadas y habría podido dedicar todas sus energías a la auténtica contemplación.

Los tres ojos del conocimiento - 4ta Parte

En realidad, como hemos visto hasta ahora, el problema de fondo no es la ciencia en sí, que a fin de cuentas no es otra cosa que un cuerpo organizado de conocimiento verificable y al que podemos acceder por medio del ojo de la carne. El problema en realidad está en restarle validez a cualquier otra cosa que no quepa en ese cajón. Para ello, y de la mano de Wilber y su texto, analizaremos ahora brevemente el devenir de la ciencia, desde lo sucedido antes del 1600, donde el dogma gobernaba la verdad empírica, hasta los tiempos en que la ciencia se ha erigido a sí misma como el nuevo dogma inapelable y la portadora de la única verdad:

Los tres ojos del conocimiento – 3ra Parte

En el año 535 d.C. un monje cristiano llamado Cosmas escribió un libro titulado Topografía Cristiana en el que llegaba a conclusiones tan definitivas como insólitas. Basándose exclusivamente en una lectura literal de la Biblia “demostraba” sin el menor asomo de duda, que la Tierra carecía de Polo Norte y de Polo Sur y que el planeta era en realidad un paralelogramo plano cuya base era dos veces superior a su altura. Ni más ni menos. Hay otro monje por ahí que utilizando la misma fuente –la Biblia– fue capaz de determinar la fecha precisa de la creación. Y así podríamos enumerar un sin fin de posturas dogmáticas más, hoy absurdas y aberrantes, que trataban de validar el conocimiento de un dominio mediante otro. Ocurre lo mismo, pero en sentido contrario, cuando la ciencia trata de “demostrar” lo válido o inválido de un conocimiento del orden espiritual. Por más que los científicos se empeñen, nunca serán capaces de demostrar que Dios existe o que no, por la sencilla razón de que ese conocimiento pertenece a una categoría diferente a la científica y se requiere, para encararlo, un ojo distinto del de la mente. Es decir, que sólo mediante los mecanismos de dicha categoría –la espiritual, en el caso de la divinidad– podría resolverse ésa cuestión en específico.

Los tres ojos del conocimiento – 2da Parte

Otra puntualización importante está en definir con claridad las fronteras entre el ojo de la carne y el ojo de la razón o de la mente. A diferencia de lo meramente material, el ojo de la mente participa del mundo de las ideas, de las imágenes, de los conceptos y de la lógica. Es indispensable dejar claro que gran parte del pensamiento científico se basa exclusivamente el el ojo de la carne, y por eso es apremiante comprender que el ojo de la mente no puede restringirse únicamente a él. Es cierto que gran parte de lo que la mente procesa viene del mundo sensorial, sin embargo ésta lo incluye en sus procesos pero a la vez lo trasciende, alzándose por encima de él. “Por medio de la imaginación, por ejemplo, el ojo de la mente puede reproducir objetos sensoriales que no se hallan presentes y, en este sentido, puede trascender el encadenamiento de la carne al mundo presente; mediante la lógica puede operar internamente sobre los objetos sensoriomotores y, de esa manera, ir más allá de las secuencias motoras reales; por medio de la voluntad puede demorar la descarga de los instintos y de los impulsos y trascender los aspectos meramente animales y subhumanos del organismo” .

Los tres ojos del conocimiento - 1ra Parte

Tal parece que para el mundo de hoy aquello que no puede demostrarse mediante el método científico simplemente no existe. La ciencia se erige como el gran juez y sólo aquello que es avalado por ella goza carta de residencia dentro de la realidad. Se comprende que la Ilustración nace como un movimiento que se opone a la religión mítica y como tal, el meollo fundamental de su paradigma consiste en negar cualquier realidad que no pueda comprobarse, muy en especial mediante métodos empíricos.

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