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Sociópatas somos Todos. (Eso sí, unos más que otros)

La característica fundamental de un sociópata es la carencia de empatía. Como no es capaz de ponerse en los zapatos del otro, no le representa problema alguno contemplar impávidamente el sufrimiento de los demás como algo ajeno. El arquetipo popular del sociópata es Anibal Lecter, el asesino serial que disfrutaba de comerse a sus víctimas. Me pregunto: ¿Qué diferencia hay entre Anibal Letcer y un despiadado corredor de Wall Street? No me parece que tanta. El segundo, en su afán de simplemente obtener una beneficio especula sin escrúpulo alguno y es capaz de destruir (o cuando menos alterar significativamente) la vida...

Explorando el Conocimiento No Racional

Apenas el miércoles por la mañana me armé de valor y, luego de algunos años de postergarlo, inicié la relectura de Crítica de la Razón Pura, de Immanuel Kant con la esperanza de que mi raciocinio hubiera madurado lo suficiente como para comprender su contenido al menos un poco mejor que en la ocasión anterior. Los buenos propósitos duraron poco, porque en la primera línea de la Introducción me encontré con una sentencia que me hizo perder la poca serenidad que me quedaba: “No hay duda alguna de que todo nuestro conocimiento comienza con la experiencia”. Y cierra dicho primer párrafo de la obra monumental con una conclusión no menos inquietante que la otra: “Por consiguiente, en el orden temporal, ningún conocimiento precede a la experiencia y todo conocimiento comienza con ella”

Las sinrazones de la Felicidad – 5

A lo largo de todo el texto, me he referido a la felicidad como una cuestión de emociones. Entonces, cabría preguntar, ¿qué papel juega el raciocinio en la consecución de la felicidad? A mi juicio, la razón juega un papel importante previo a ser feliz, pero definitivamente podría ser un terrible inconveniente a la ahora de concretarla. Gracias a ella el individuo se constituye en quien es, determina sus valores y metas y fija sus parámetros acerca de lo que quiere desear y decide actuar de una u otra manera. Sin embargo, estoy convencido que la felicidad es una cuestión preponderantemente emocional. La felicidad se siente, no se razona; se percibe, no se calcula. Se intuye, no se planea. Los detonantes de la felicidad son sentimientos y emociones (el amor, la pasión, el goce, la alegría, etc.) y no imagino la forma en que una decisión racional nos haga experimentarla. Incluso, como se hablaba antes, pensemos en el momento en que un científico o un filósofo alcanza a constituir una idea genial: en este caso el proceso racional es el que logra la idea, pero ya lograda, la percepción de la plenitud y la felicidad por el objetivo alcanzado se da por el camino de las emociones.

Las sinrazones de la Felicidad – 4

La felicidad no es una cuestión de moral universal. Como ya hemos hablado, no existen valores o circunstancias universales que hagan felices a las personas, sino que son ellas, en lo íntimo y lo individual quienes, basados en sus propios códigos morales y éticos decidan lo que les hace felices. Esto puede conducir a ciertas circunstancias dignas de ser mencionadas.

Las sinrazones de la Felicidad – 3

En el tema de la felicidad, más allá del conocimiento en sí, influye mucho más en el individuo la lectura particular que cada quien haga respecto de lo que ha aprendido a lo largo de toda su existencia. Este factor es fundamental, porque marca a la persona y le imprime una individualidad que lo separa y lo distingue de todos los demás miembros de su comunidad; incluso lo distingue de los miembros más cercanos de su familia o de su grupo más íntimo de convivencia cotidiana. Deseamos y sentimos en relación a quienes somos. Interpretamos lo que nos sucede día con día en función a nuestra existencia en particular. A lo largo de ella, nos han sucedido una serie encadenada de hechos y circunstancias que nos han condicionado a ser aquellos en quienes nos hemos convertido

Las sinrazones de la Felicidad – 2

Es casi un lugar común esa imagen mental donde un individuo, casi en una dimensión paralela, experimenta una plenitud absoluta y su éxtasis parece no tener límites. En muchos sentidos se parece mucho al concepto de cielo que ofrece la religión católica. Sin embargo en la práctica jamás he conocido a nadie que lo haya experimentado de manera absoluta y permanente, de la mano de esa idea abstracta que implica “ser feliz”. Aunque la idea de felicidad es más o menos universal, la manera de alcanzarla y los factores que la disparan, no son del todo claros. Es un hecho que el acto u objeto que a unos hace feliz a otros los deja indiferentes.

Las sinrazones de la Felicidad – 1

Si la felicidad es un valor existente en el universo, ¿cuál podrá ser el mecanismo para distinguirla, alcanzarla y, lo más importante, mantenerla como una constante dentro de nuestra existencia? Si por el contrario la felicidad es relativa al individuo, ésta ¿tendrá que ver con lo que deseamos? o en realidad lo deseado y lo deseable transitan por distintas rutas. ¿La felicidad tendrá relación directa con la satisfacción de deseos o es independiente de ellos? ¿Realmente materializar lo que deseo podrá hacerme feliz? No es baladí cuestionarse íntimamente para determinar lo que en realidad se desea más allá de la primera apariencia, ni tampoco carece de interés determinar para qué deseamos lo que deseamos.

Individualidad y conciencia colectiva – 3ra Parte

De este modo Weber estaba convencido de que las ciencias naturales y las ciencias sociales eran ámbitos independientes, donde en las el interés del ser humano se centra en el con el propósito de disponer de las fuerzas de la naturaleza para explotarlas y por el otro lado, en las , el interés se centra en la de los fenómenos. Así, la propia idea de cultura se asume como un concepto de y la realidad empírica se convierte en cultura para nosotros en tanto que la relacionamos con los valores. Para Weber los valores pertenecen al ámbito de las creencias y su validez no es asunto de , sino de apreciación y por lo tanto son inútiles para ciencia social. Éstas deben investigarlos, “pero no pueden proporcionar normas e ideales que obliguen y de los que puedan derivarse principios que dirijan la actividad práctica. Por lo tanto en opinión de Weber, las ciencias sociales (incluida la sociología y la historia) deben ciencias libres de valores”3.

Individualidad y conciencia colectiva – 2da Parte

Hay reglas que si bien en un principio eran contrarias a esa tan nuestra como mexicanos de hacer lo que nos de la gana, al imponerse, parece que poco a poco se convierten en naturales. Cada vez es menos frecuente, por ejemplo, ver a un automovilista circulando por al carril del Metrobús, no sé de nadie que haya logrado dar mordida en un alcoholímetro para que no le hagan la prueba, en fin, el caso es que en apariencia, esas pequeñas modificaciones que parecieran llegar de lo individual, también terminan por integrarse a ese del que habla Durkheim. En el caso de que lo que dice Durkheim fuera completamente cierto, las conductas sociales permanecerían inamovibles con el paso de las generaciones, sin embargo el grupo social también se ve influido por acontecimientos aislados o por acciones o propuestas individuales que hacen que la dinámica social se transforme. Es innegable que un triunfo importante, pongamos por caso, en lo deportivo con una medalla de oro olímpica de un competidor en lo individual cambia, al menos temporalmente, el estado de ánimo y la visión del grupo en su conjunto y ese efecto puede llegar a manifestarse incluso en le desempeño y convicciones del individuo en particular.

Individualidad y conciencia colectiva – 1ra Parte

En el interesantísimo libro de Nicolás Timashev, La teoría sociológica, pude leer una muy buena semblanza del trabajo tanto de Durkheim como de Weber, y ambos sociólogos me parecieron brillantes y memorables. Y quizá lo que resultó aún más sorprendente y maravilloso fue que cada uno defendiera posturas opuestas, y que al profundizar en ellas, ambas en muchos sentidos continúan siendo válidas y verdaderas. Por un lado tenemos el de Durkheim (1858–1917). Esto, en palabras simples significa que este investigador atribuía todos los hechos correspondientes a la realidad social a la interacción del grupo en sí y sobre sí mismo y quitaba el peso de estos hechos al individuo en solitario. Por el otro lado tenemos el trabajo de Max Weber (1864-1920). Por el contrario, este pensador defiende una postura
, bajo la cual los elementos racionales del hombre visto como individuo eran la materia prima básica de los hechos sociales.

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