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Estupidez Real
Estupidez Real

25, enero 2013

Aunque hoy tenía pensado escribir sobre otra cosa, no puedo dejar de comentar una nota que leí en el periódico el pasado martes.

Harry... el héroe de guerra

Hojeando la sección de espectáculos me quedé completamente estupefacto al enterarme de las recientes declaraciones del Príncipe Enrique de Inglaterra. Realmente no suelo experimentar ninguna emoción por nada que pueda aparecer en esta parte del diario, sin embargo los comentarios atribuidos al sujeto en cuestión me hicieron pasar de la incredulidad, al franco repudio, para terminar con una extraña sensación compasiva ante la superficialidad, la inconsciencia y la estupidez de Mr. Harry, si es que realmente dijo lo que se dice que dijo. Resulta que le Principe estaba comisionado por el Ejército Británico como piloto artillero en Afganistán. Pasó 20 semanas en Camp Bastion, la mayor base británica en la zona del conflicto –lo cual, el sentido común me indica que si los ingleses se tomaron el tiempo para construirla, será porque la zona permanece bajo absoluto control y a muchas millas de los verdaderos enfrentamientos y de los "enemigos" peligrosos– y tras su “heroico” regreso no tuvo el menor empacho en afirmar que había matado a un buen número de talibanes con la habilidad de sus pulgares, tal como si de operar una consola de XBox o PlayStation se tratara. En una rasgo de absoluta imbecilidad afirma que su misión en el ejército consiste en mover los pulgares con agilidad: “Es un placer para mí porque soy una de esas personas a las que les gusta jugar PlayStation y XBox. O sea que –continua el Principito– con mis pulgares quiero pensar que soy probablemente bastante útil”. De haber quedado aquí la cosa, no podríamos estar hablando más que un chiste de pésimo gusto. Pero no, el buen Harry continuó vomitando estupideces sin ton ni son, sin detenerse un solo instante a pensar que del otro lado de su imaginaria consola de videojuegos había gente verdadera. Claro… como son “enemigos”, para él –y seguramente para la gente que lo rodea en dichas operaciones– pierden su carácter humano y se convierten en simples avatares virtuales a los que puede eliminarse sin el menor pestañeo. Y para eso la siguiente cita se pinta sola: “Si hay gente tratando de hacer algo malo contra los nuestros, entonces los ponemos fuera del juego”. Si; para don Enrique de Inglaterra eliminar gente desde su helicóptero de guerra es simplemente “sacar de juego” a los “malos”.

Harry... el Príncipe Feliz

Pero nuevamente  la cosa no termina ahí. Cuando concretamente le preguntan sobre si ha matado gente, el responde con una inconsciencia y una insensatez absolutamente incomprensibles e intolerables: “Si (he matado), como lo ha hecho mucha gente. Cobrarse una vida para salvar una vida es en lo que consiste esto, supongo”. Hacía mucho que no me invadía un rabia tan intensa por algo que hubiera leído en un periódico, pero para mi, las declaraciones del Principe son absolutamente inconcebibles en alguien que, a la fecha, es el tercero en la línea de sucesión de la Corona Británica. Quiere decir que estos comentarios absolutamente fuera de lugar y sin la menor sensatez fueron expresados, no por un soldado sin educación y permanentemente expuesto al discurso enajenante de sus superiores y compañeros, sino por alguien que ha sido, en apariencia, educado en las mejores escuelas de Europa y quien efectivamente podría convertirse en Rey de Inglaterra. Pero al reflexionarlo a fondo mi indignación y repudio se convirtieron en compasión y tristeza. El que un personaje como él muestre semejante grado de insensibilidad, de superficialidad y de inconsciencia me hace cuestionarme sobre lo que pensarán sus compatriotas de estos puntos de vista. Al final tampoco me sorprendería que muchísima gente tome como un gesto simpático la respuesta del Príncipe, pero hay que recordar que aquí no se habla de un juego que se salió de control y donde lo toman desnudo dentro de una Suite, ni tampoco es una fiesta de disfraces donde llevar un uniforme Nazi pueda considerarse una buena puntada. Aquí hablamos de una guerra real y de gente verdadera –exactamente igual que cualquiera de nosotros–, quienes, enemigos o no, merecen el respeto que a él mismo, supongo, le gustaría que le tuvieran a los combatientes británicos caídos en combate. Por otro lado, banalizar la guerra hasta ese punto sólo le quita significado y demuestra el sinsentido que en realidad es. Se comprende que, por ser quién es, lo hayan mandado a esa misión, se comprende que –sin ponerlo en verdadero peligro, desde luego– haya tenido que cumplir con ciertas órdenes y operar el armamento del helicóptero al que fue asignado como copiloto artillero, pero lo que no se comprende es que este individuo de 28 años de edad y con toda clase de experiencias en diversas partes del mundo que debían haberlo sensibilizado, sino en política, al menos en lo que se refiere a la vida y la muerte de otros seres humanos, tenga la cabeza tan hueca y ni siquiera alcance a entender que aquellos a quienes mató –con todo y que fueran enemigos, insisto– eran personas, tenían familia, y merecían, cuando menos, un trato distinto que el de personajes virtuales de un videojuego. Es realmente triste que al polarizar el mundo y verlo todo en función de buenos y malos, perdamos la perspectiva de que todos somos humanos y que las posiciones de privilegio de las que algunos gozan no les da derecho a expresarse de ese modo.

Harry... el Príncipe sensible

En fin… comprendo que son unas simples declaraciones absurdas y estúpidas de alguien que si bien pertenece a una familia ilustre y las circunstancias le permiten la posibilidad de alcanzar posiciones de privilegio, es un personaje que no tiene mérito alguno y cuyas opiniones son del todo irrelevantes. Al menos este exabrupto me permitió estremecerme y darme cuenta que, aun en la lejanía de los acontecimientos descritos, aun alcanzo a sentir empatía por aquellos que sufren y por aquellos cuyas circunstancias –a todas luces menos favorables que la mías– los obligan a poner su vida en juego cada día por defender ideales claramente equivocados desde el momento en que –tanto un bando como el otro– no son capaces de comprender que en este planeta cabemos todos y que vivimos en un mundo que nos pertenece por igual tanto a aquellos que se asumen como “los buenos” como de aquellos a los que dichos “buenos” pretenden eliminar sin siquiera tomarse un momento para saber quienes son o porqué habrán de morir, como si, en efecto, de un videojuego se tratara. Dios salve al Principe… pero sobretodo a quienes las circunstancias coloquen bajo su mando.   NOTA: Todas las citas textuales fueron tomadas del Periódico Reforma, sección de Espectáculos, Página Primera, del martes 22 de enero de 2013.