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Fundamentalismo Liberal
Fundamentalismo Liberal

15, febrero 2013

No cabe duda que es tan fácil caer en fundamentalismos, que incluso cuando aparentemente se está contra ellos, se les combate desde la misma actitud que se desprecia.

Michel Onfray

Esta sensación fue la que me invadió con la lectura de un texto que me parecía, erróneamente, que sería un texto por un lado lleno de razonamientos agudos e interesantes y por el otro escritos en un tono divertido y ligero. Nada de esto sucedió. Con la lectura de La filosofía feroz, de Michel Onfray, me encontré con un libro que aborda temas fundamentales desde una perspectiva extraordinariamente superficial y que además destila resentimiento y furia casi en cada página. El autor se dice ateo y libre de todo vestigio de religiosidad, sin embargo se sabe, y se reconoce, anticristiano irredento. Hace ya un buen número de años yo experimenté sensaciones y puntos de vista semejantes. Cuando mi fe en los misterios católicos se diluyó, me sentí engañado y durante un tiempo expresé un profundo resentimiento hacia todo lo que sonara a religión. No comprendí, hasta mucho tiempo después, que el ateísmo, digámosle activo –es decir, aquel que en el momento menos pensado se torna en <anti–religión>, y se vuelve incluso violento hacia aquello que un día daba sentido a la propia vida– no es otra cosa que una manera, si bien negativa, de religiosidad. Es justo en ese momento en que uno se ve a sí mismo maldiciendo las prácticas más retrógradas de cerrazón y fundamentalismo, y actuando exactamente igual que aquellos a quienes se rechaza. Ese es justamente el caso del autor en cuestión. Por un lado rechaza de forma categórica las prácticas religiosas preguntándose: “¿Cuándo dejarán de enseñar esas tonterías sólo buenas para las marmotas? ¿Cuándo diremos que esas historias que nos hacen dormir parados valían hace siglos, pero que hoy en día avergüenzan a la humanidad del hombre? ¿Quién se levantará para llamar a rechazar a las religiones y a celebrar actividades intelectuales que convocan a la razón, a la deducción, a la inteligencia?”[1]. Pero apenas cinco líneas más abajo lamenta lo que considera las peores características de dichas creencias: “Los monoteísmos detestan igualmente a los hombres que no tributan al mismo Dios que ellos. Intolerantes, celosos, exclusivos, arrogantes, seguros de sí mismos, se erigen en ley para los demás”[2]. ¿No es exactamente ésta la misma actitud que él toma con sus críticas desproporcionadas? ¿No son sus palabras intolerantes, celosas, exclusivas, arrogantes y pretende convertirlas en ley para los demás? ¿Son entonces su actitud y sus ideas <detestables>? Estoy convencido de que justamente el punto está en que absolutamente ninguna idea –siempre y cuando su aplicación y práctica no limite o impida el desarrollo de otras– debería estar proscrita o abolida. Las religiones, así como cualquier otra ideología o creencia, tienen derecho de existir en tanto exista un sólo fiel que las siga y en tanto sean respetuosas de la diversidad de pensamiento y de la libertad de las personas. No es éste el lugar y el momento para abordar la complejidad de la situación que se vive en algunos de los Estados islámicos de oriente medio, pero como ciudadano de occidente, definitivamente considero la libertad de creencia, pensamiento y expresión uno de los más importantes valores y logros que nuestra civilización ha conseguido. El problema, me queda claro, no es de religión o ateísmo, sino de intolerancia e imposición de una sola línea de pensamiento y acción, y para ello no se requiere de ninguna creencia metafísica, puesto que lamentablemente sobran ejemplos de Estados laicos –e incluso anti–religiosos– en oriente y occidente, donde se atropellan las libertades individuales y se restringe la capacidad personal de creer o no en determinado rito o ideología, eso sí, siempre pretextando que dicha restricción es debida a un bien mayor. Esto es exactamente lo mismo que propone Onfray, así su propuesta sea, en apariencia, con el propósito de defender la <razón>, la <deducción> y la <inteligencia>. La tolerancia y el respeto, son aun, como se aprecia, imperfectos. Pero solamente a partir de ellos podremos avanzar hacia una convivencia pacífica y productiva entre los seres humanos y los pueblos. Tengo profunda confianza en que la tendencia expansiva de la diversidad que estamos viviendo en el mundo entero es irreversible. La inmigración, las comunicaciones masivas y la propia naturaleza del desarrollo humano pone cada vez más posibilidades, visiones y puntos de vista sobre la mesa y será sólo aceptando los ajenos como garantizaremos la cabida de los propios.

 


[1] Onfray, Michel, La filosofía feroz, Buenos Aires, Libros del Zorzal, 2006, Pág. 51.
[2] Ídem.