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Juicios y Valores 1
Juicios y Valores 1

16, noviembre 2012

Si hay alguna acción que nos caracterice como humanos, ésta sin duda es el juicio. Juzgamos siempre y a toda hora, lo hacemos de forma consciente e inconsciente, lo hacemos con alguna intención particular o simplemente por pasar el rato. No escatimamos esfuerzo ni intoxicación interior con tal de determinar si las personas que nos rodean –y que en gran medida dan sentido a nuestra propia personalidad con sus actos u omisiones– han actuado correcta o incorrectamente. Esto sin importarnos en absoluto el grado de superficialidad de nuestras conclusiones. Todas esas conclusiones aparecen en nuestra mente –y lamentablemente también en nuestras palabras– basadas en los valores que, sabiéndolo o no, dan forma a nuestra concepción de lo bueno y lo malo, de lo aceptable y lo inaceptable. Aunque muy pocas veces alcanzamos a reconocer que juzgamos con varas distintas lo que hacemos nosotros contra lo que hacen los demás.     El valor, en términos axiológicos, es aquel adjetivo que califica una acción o una conducta humana: buena, mala, útil, inútil, etcétera. Pero también es importante recordar que de manera por demás esquizofrénica, también asignamos un valor a lo acontecido con objetos o situaciones, que calificamos siempre en relación a nuestro propios intereses. En su texto Introducción a los problemas fundamentales del hombre, Risieri Frondizi nos pone un ejemplo que explica esta conducta de manera muy gráfica: “Como fenómeno meteorológico (la lluvia) no es buena ni mala; es neutra. Se puede convertir en buena o mala si satisface o contraría nuestros intereses, deseos o necesidades. Lo mismo ocurre con una puesta de sol, una flor, un animal salvaje”[1]. Esta explicación nos permite darnos cuenta de lo complejo que resulta encontrar –y a aceptar, en especial cuando va en contra de nuestras creencias– un valor que pueda considerarse con carácter de absoluto. Es decir, que aplique siempre y para todas las personas, culturas y situaciones, en éste y todos los países y en éste y todos los tiempos. Incluso el homicidio ha tenido –y sigue teniendo- lugares, tiempos y circunstancias donde es válido y legal, al grado en que hay países enteros donde es el propio Estado –con justificación legal o religiosa incluida– quien lo aplica a manera de castigo corporal tras cometerse un cierto delito en concreto que la sociedad en cuestión califica mucho más allá de <imperdonable>. En las siguientes entregas observaremos el panorama que Frondizi nos muestra respecto a las diferentes manera de clasificar y comprender los valores.  

 


[1] Frondizi, Risieri. Introducción a los problemas fundamentales del hombre, Capítulo XI “Naturaleza de los valores”, F.C.E., Colección Breviarios N.260, 1977, Pág. 482.