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Juicios y Valores 2
Juicios y Valores 2

23, noviembre 2012

Interpretaciones unilaterales del valor Para que a un objeto o situación se le confiera valor, existe una reacción psicológica, que puede ser individual o colectiva. Existen varias doctrinas que han estudiado y clasificado los valores desde distintos puntos de vista y siguiendo el texto de Frondizi, haremos una breve exploración de ellos.      Sociologismo Axiológico: En ella, todo el valor moral, estético o religioso de un objeto, hecho o institución, depende de la aprobación de la sociedad. La esencia buena o mala del fenómeno, no depende de las bondades propias de la circunstancia, sino de lo que opine el grupo social. Es justamente ella, la sociedad en su conjunto, quien le da validez a la tabla de valores de toda la comunidad. En este caso, la educación se limitaría a promover y conseguir que los nuevos individuos que se integran, se ajusten a la conducta señalada. “Del mismo modo como aprenden una lengua y no la inventan, así también tendrán que aprender a valorar, a distinguir lo bueno de lo malo, lo bello de lo feo, lo correcto de lo incorrecto”[1]. En este planteamiento, los miembros de una sociedad no tienen más alternativa que acatar las normas y los valores establecidos y aceptados por todos, sean del orden que sean, moral, religioso, estético, legal, etcétera. Esto provoca que lo que es bueno y aceptado en una sociedad no lo sea necesariamente en otra. El origen de esta corriente es el positivismo de Augusto Comte y ya más cerca de nuestro tiempo, está sustentada en los estudios de los sociólogos Emile Durkheim, y sus discípulos Lucien Lévy-Brühl y C. Bouglé. Posterior a ellos, gracias al desarrollo de la antropología cultural de los Estados Unidos, surgieron algunos otros sociólogos importantes, como Ruth Benedict, Margaret Mead y Melville Herskovits. Dentro de este pensamiento la moral es una cuestión de hábito, donde lo moral tiene estrecha relación con lo “normal”. Uno de los aportes, según nuestro autor, del sociologismo consiste en aparejar “la valoración moral y la del fenómeno axiológico con el político o con la moda… En todos los casos se trata de un fenómeno social”[2]. La gran ventaja que tendría este tipo de interpretación sociológica consiste en que se pueden aplicar al estudio de la moralidad los mismos métodos que los aplicados en la ciencia. Lo malo es que la naturaleza de la moralidad no convierte esta circunstancia en una virtud, puesto que el análisis es parcial y no estudia el valor en toda su complejidad. La presencia de ciertos valores en una comunidad o un individuo pueden ser estudiados por la sociología, pero esta ciencia no tiene como objeto analizar si es la conducta adecuada o no, simplemente consigna lo que se aprecia pero no puede justificar la validez ética del acto. Digamos que puede analizar el <hecho>, pero no el <deber ser> del hecho. “Una cosa es que algo sea deseado y otra que sea deseable”[3].      Este punto es importante señalar, puesto que resulta bastante evidente, que pueden existir un número enorme de conductas que, a pesar de no ser las ideales, la comunidad las asume y las establece como parte del comportamiento aceptable. Esto implica que el hecho de que sean aceptadas por la mayoría pueden no ser las conductas preferibles. Las normas morales y éticas no deberían escogerse en un concurso de popularidad, sino en la naturaleza y la intención del acto. El autor pone como ejemplo que para conocer si un alimento es bueno o malo no sirve conocer la opinión de la gente, de la que sólo sabremos la opinión respecto a características como sabor, precio, empaque, pero no sabremos si es nutritivo y conveniente para la salud. “Hay que hacer recaer el acento en el acto –dice Frondizi- y no en las razones que tiene la gente para aprobarlo”[4]. No hay que escarbar demasiado para aceptar que muchas de las razones que autorizan o rechazan una conducta están estrechamente vinculadas con prejuicios o creencias ya sea válidas pero particulares o generales pero objetivamente erradas. Otro punto importante a destacar es que, en la práctica, los valores que suelen tenerse en una situación como esta ni siquiera son impuestos por la mayoría, sino por una elite que decide por todos y que busca con esas conductas influir y mantener el control sobre la comunidad en cuestión. En el sociologismo axiológico resultan impensables e incompatibles ciertas conductas que han marcado la historia del hombre, como por ejemplo la rebelión, los movimientos revolucionarios o los cambios que transformen las estructuras más profundas del sistema, con todo que estos cambios han terminado por producirse en muchas ocasiones obedeciendo justamente, no a lo que es sino a lo que debe ser. Otro problema es la heterogeneidad de las sociedades actuales. Por su tamaño, por la migración, por los avances tecnológicos, por la información disponible del exterior, etcétera, se generan un sinnúmero de opiniones y diferencias de pensamiento y de acción que esta doctrina no considera y no tiene claro como resolver. En las entregas siguientes analizaremos el subjetivismo y el objetivismo respecto a los valores y su aceptación.

 


[1] Frondizi, Risieri. Introducción a los problemas fundamentales del hombre, Capítulo XI “Naturaleza de los valores”, F.C.E., Colección Breviarios N.260, 1977, Pág. 484.
[2] Ídem, Pág. 489.
[3] Ídem, Pág. 491.
[4] Ídem, Pág. 493.