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Juicios y Valores 5
Juicios y Valores 5

14, diciembre 2012

Juicios y Valores 5   Valores superiores e inferiores   Pensando en que la situación modifica la naturaleza del valor, es de pensarse que modificará también su importancia. El análisis sobre la posible superioridad de un valor sobre otro se plantea bajo una convencional y supuesta jerarquía de los valores; pero el autor señala que este termino, no sólo remite a un ordenamiento lineal de los valores, sino que también da la impresión que esa jerarquización es fija e inmutable. En este caso, él prefiere referirse a los valores como superiores e inferiores. Para su análisis considera que según sea la naturaleza del valor así será su altura. Si se piensa que el interés es lo que le confiere valor al objeto, es de suponerse que entre más interés, el valor será mayor. Contrario a la hipótesis de valores a priori absolutos y jerarquizados, la interpretación de Frondizi pasa por considerarlos situacionales y de la misma manera se determina su altura. Es decir, que no existen valores superiores o inferiores en sí, sino que para determinar su importancia, debe considerarse la situación. Para la clasificación es muy importante considerar que se le da más importancia a lo preferible que a lo preferido, asumiendo una escala de valor según se esencia. “Cuando dos valores entran en conflicto, debemos saber cual es el preferible; esto es el superior. No podemos solucionar la cuestión ateniéndonos a lo que preferimos, o a lo que prefiere la mayoría de la gente sino a lo que debemos preferir”[1]. Para determinar la superioridad de un valor sobre otro, debemos considerar su naturaleza. Pero ésta no es superior en sí misma, ni está englobada dentro de la idea de un bien supremo que rija y de sentido a la escala de valores. En este caso dependerá del sujeto. Un valor será mejor que otro para un individuo en una situación específica y si se sostuve al sujeto, o cambiamos la situación, la valoración se modifica interiormente y la superioridad del valor se altera. “Sería insensato declarar que la poesía es superior a la música sin referirse a ningún sujeto… …Si dejamos de lado al sujeto, se cae en una abstracción…”[2]. Cuando lo que se está analizando son valores morales, existe el riesgo de que el individuo mienta o se mienta para, escudado en los “grandes valores”, realice exactamente lo contrario. Aquí llega una palabra clave para entender este tipo de análisis del valor y esta es la “intención”. El sujeto sabe la intención con la que actúa y en esa perspectiva no puede engañarse a sí mismo, sobre una decisión que involucre un acto moral o inmoral. El sabrá cual es la naturaleza de su decisión y de su forma de darle altura a cierto valor que quizá en ese momento no la tiene.      Debe considerarse la diferencia de valoración de un acto según la circunstancia. En un momento “normal”, el arte y la política son valores elevados, pero en una situación extrema, como por ejemplo, bajo una nevada terrible, recoger leña para una fogata es más importante que apreciar un cuadro o leer a Maquiavelo. Recordemos que el autor sostiene que no existe un mundo abstracto de valores ordenado de manera jerárquica. Negando una vez más los rigores del absoluto, ahora el autor plantea que bajo esta óptica no existen actos buenos o malos, sino más o menos buenos y malos según sea el caso. Es decir, están sujetos a una escala de valoración que los ubica en un nivel específico, dentro de la cualidad propia del valor. “Carece de sentido preguntar si algo es bello en términos absolutos. Es como preguntar si hace frío en términos absolutos”[3]. Esta escala tampoco es fija. Un mismo acto puede pasar de bueno a malo según se modifique la situación la circunstancia. Los objetos no encarnan valores fijos, sino que dependen de los resultados de las cualidades objetivas, necesidades y reacciones del sujeto dentro de una situación específica.   Axiología y ética situacional   La ética estudia las conductas del hombre. Siempre nos hemos regido por normas que regulen nuestra convivencia en sociedad, pero en ocasiones esas normas han sido contradictorias. El sujetarse a normas de convivencia es absolutamente necesario para evitar el caos moral y social; pero es importante decir que esas reglas convencionales no son buenas ni malas, simplemente son válidas o no. Dentro del campo de la ética y la moral, se debería buscar que las normas no fueran negativas. Es decir, una serie de prohibiciones y negaciones que simplemente le impriman un carácter restrictivo a la norma. Como ejemplo de este tipo de ley tenemos los 10 mandamientos, donde siete son restrictivos; sin embargo esto no impediría que alguien los cumpla todos y aun así incurra en la inmoralidad. Lo ideal consiste en que de la misma manera que dice lo que no se debe hacer, enuncie lo deseable y lo correcto. Por eso el autor propone como definición de norma básica aquella que “orienta tu vida, decisiones y conducta moral por el valor superior en la situación correspondiente”[4]. Este enunciado tiene la virtud de ser universal y no permitir excepciones. Además no es negativa puesto que no prohíbe, preserva la libertad del individuo ante la norma ya que permite que sea él quien asigne cual es el valor superior en cada situación. Naturalmente esta libertad exige un análisis detenido y responsable de las alternativas; es necesario fundamentar la decisión sobre la superioridad del valor asignada. Esta norma también es flexible y se adapta a sucesivos cambios históricos, pero flexibilidad no implica relativismo: siempre hay un valor superior en cada situación concreta. “Al final –concluye Frondizi- no encontramos una respuesta precisa, sino tan solo un criterio orientador. Esto sorprenderá a quienes no comprenden la naturaleza de la filosofía y esperan que la ética les ofrezca un repertorio de respuestas invariables, como si se tratara de un libro de cocina”[5].

 


[1] Frondizi, Risieri. Introducción a los problemas fundamentales del hombre, Capítulo XI “Naturaleza de los valores”, F.C.E., Colección Breviarios N.260, 1977, Pág. 554.
[2] Ídem, Pág. 556.
[3] Ídem, Pág. 562.
[4] Ídem, Pág. 567.
[5] Ídem, Pág. 578.