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09, Noviembre 2016

No tengo idea de si Bob Dylan tiene o no los merecimientos para que le sea otorgado el premio Nobel, pero su nombramiento ha abierto un espacio para reflexionar al respecto de diversos asuntos. 

05, Junio 2012

Hace ya algunos años que, debido a caprichosos azares, llegó a mis manos un extraño ejemplar de “Mi Lucha”, escrito por Adolfo Hitler en 1924 (9 años antes de llegar al poder), mientras permanecía preso en la cárcel de Landsberg tras intentar un fallido golpe de Estado. Siempre había tenido curiosidad por conocer ese texto y conforme lo leía, me sentí cada vez más y más estupefacto ante su contenido. Más allá de su enorme extensión y aridez, a lo largo de sus páginas se expresaba una a una toda la política, la barbarie y el crimen que años después su autor habría de llevar a cabo al pie de la letra mientras gobernaba Alemania y ponía al mundo auténticamente en vilo. Sin salir de mi asombro, no dejaba de preguntarme: ¿Cómo es posible que un hombre que -desde mucho antes de llegar al poder- expresa abiertamente su total convicción en la superioridad racial aria, su deseo explícito de exterminar a los judíos y demás enemigos de su patria, sus anhelos “legítimos” de expansión territorial y un enorme cúmulo de insensateces más, haya podido ganar una elección democrática y posteriormente hacerse del poder absoluto de un país como Alemania y encima con el respaldo y apoyo mayoritario? ¿Dónde estaban las “buenas conciencias” de su tiempo mientras esto sucedía? Estas preguntas y muchas otras se me han ido respondiendo con la lectura de un ensayo editado en español apenas en 2011: una crónica hecha por Antoine Vitkine y cuyo título es: “Mein Kampt” (Mi lucha) Historia de un Libro”, y dónde nos cuenta a detalle justamente la historia y repercusiones de aquella obra, que, en apariencia, nadie edita, pero que en opinión de Vitkine se sigue vendiendo por miles en el mundo entero.

15, Mayo 2012

Josefina Vicens me resulta una autora profundamente conmovedora en muchos sentidos, muy en especial con “El libro vacío” (1958), que dejó en mí una huella muy onda. La primera lectura de esta novela la hice por allá del año 2000, pero ahora, al encontrarme con una nueva –y muy merecida reedición hecha por el FCE– ha sido todo un placer volver a sumergirme entre sus páginas. El mundo de José García, el personaje que nos cuenta su historia, es en realidad dos mundos. Uno, el cotidiano, el ir y volver del trabajo, la convivencia tersa pero a la vez agotadora con su familia, ese planeta donde transcurre el tiempo sin que le suceda realmente nada. Y el otro, el verdadero, ese dónde, encerrado en un cuarto mientras su esposa e hijos duermen, él batalla con su “libro vacío”: “Entro en este pequeño cuarto en el que escribo y tomo los cuadernos y la pluma con movimientos recelosos, mirando hacia todas partes, como si fuera yo un ladrón sin experiencia, un principiante”.

30, Marzo 2012

Lo superficial y carente de sentido que puede resultar uso indiscriminado del avance tecnológico cuando se le ve como una manera concreta de llenar ese vacío existencial que cada individuo, agobiado de posmodernidad, carga en su interior.

23, Marzo 2012

La tecnología, aplicada a la comunicación, es un factor determinante para contruir y perfilar la realidad. Si bien las herramientas tecnológicas se perfeccionan, las herramientas personales, como el lenguaje, la reflexión, la resposabilidad personal y social sobre nuestras propias ideas y pensamientos, decrecen. Parece que vivimos tiempos donde el único lenguaje válido resulta ser la imagen y la voz del protagonista del escándalo de moda y donde la única “verdad” es la expresada por las grandes cadenas informativas –sin importar si nos referimos a política, deportes o espectáculos- y la realidad se vuelve única y homogénea, pero al mismo tiempo relativa y camaleónica.

16, Marzo 2012

Nueva sección en Botella al Mar:  A Fondo