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Praga: El corazón de Europa… y de Kafka
Praga: El corazón de Europa… y de Kafka

1, marzo 2014

No importa la parte de Praga que estuviera visitando; yo me empeñaba por ver a Kafka en todos lados. Lo imaginaba flaco y encogido recorriendo cada calle y tratando de entender el mundo que le tocó vivir.

Sin embargo yo sabía que Praga es Kafka, pero que también es muchas cosas más. Es una ciudad pequeña pero que conserva su carácter imperial en cada edifico, en cada piedra, en cada esquina, llena de palacios y torres que cortan el aliento y la que –de no existir París- bien valdría una misa.

La fundación de Praga está asociada con una leyenda; no podía ser de otra manera. Una tarde la princesa Libussa, mientras contemplaba las cumbres boscosas de Hradcany, entró en trance y tuvo la visión de una gran ciudad “cuya gloria llegará a las estrellas”; definitivamente no se equivocó.

El patrono de Praga es san Wenceslao “el rey bueno”, quien la gobernó en el siglo X y fue asesinado por su hermano. Su prestigio le valió la canonización inmediata y el fervor eterno de los descendientes de su pueblo.

Para el siglo XIV el país pasó por una Edad de Oro. Gobernados por Carlos IV Praga se convirtió en la capital imperial desplazando a Viena. Un sinfín de edificaciones, puentes y mejoras urbanas le dieron brillo a la ciudad, hasta que a principios del siglo XV los conflictos religiosos comenzaron a corroer y desintegrar el reino.

Para 1611 la corte regresó a Austria y para 1618 las tensiones religiosas entre protestantes y católicos condujeron a la guerra de los Treinta Años –que dio inicio con luego de un evento de lo más curioso: un grupo de nobles protestantes tiraron por las ventanas del castillo de Praga a los representantes católicos del emperador (gracias a que Kafka aún no nacía resultó imposible atribuirle el episodio a su imaginación retorcida).

Ya sin ser capital del imperio, la época barroca le devolvió las glorias perdidas, para convertirla en una de las ciudades más hermosas de Europa. La Primera Guerra Mundial trajo el rompimiento definitivo con la casa Habsburgo y las tensiones raciales entre checos, alemanes y eslovacos hicieron el resto.

Durante el nacismo debió integrarse al Tercer Reich y al terminar la Segunda Guerra Mundial fue liberada por los rusos que instauraron en ella el comunismo soviético.

La Primavera de Praga es un episodio de fama mundial. En 1968 Alexander Dubcek, como Jefe del Partido Comunista, intentó revitalizar el comunismo Checoslovaco y adaptarlo a los deseos de la población, pero el intento fue brutalmente aplastado por los tanques rusos. Este pálido y fallido intento de liberalización condujo a dos décadas de represión cultural y política.

La Revolución de Terciopelo –una vez más, episodio simbólico de fama mundial- concretó el derrumbe del poder soviético, y ante la aclamación popular Havel se convirtió en el nuevo jefe del Estado sin que se derramara una sola gota de sangre.

Hoy, la República Checa pertenece a la comunidad europea y se percibe como un país en crecimiento que tiene en el turismo una fuente inagotable de recursos. Praga, más que una capital política, es para mí la capital europea de la belleza y la cordialidad. En sus calles, en su gente, en sus monumentos y en su entorno en general se combina la magnificencia de su pasado con la calidez y la vitalidad de su presente, dejando en quien la visita una marca indeleble que nos acompaña por el resto de la vida…ah, y desde luego, Praga también es -y siempre será- Franz Kafka.