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24, Julio 2015

La característica fundamental de un sociópata es la carencia de empatía. Como no es capaz de ponerse en los zapatos del otro, no le representa problema alguno contemplar impávidamente el sufrimiento de los demás como algo ajeno. El arquetipo popular del sociópata es Anibal Lecter, el asesino serial que disfrutaba de comerse a sus víctimas. Me pregunto: ¿Qué diferencia hay entre Anibal Letcer y un despiadado corredor de Wall Street? No me parece que tanta. El segundo, en su afán de simplemente obtener una beneficio especula sin escrúpulo alguno y es capaz de destruir (o cuando menos alterar significativamente) la vida...

22, Junio 2012

En cierto modo el dualismo que separa el cuerpo de la mente nace con René Descartes, quien pensaba que a través de la glándula pineal se hacía un casi mágico intercambio entre uno y otro. Según esta teoría –nos dice Ganten- la mente se componía de una sustancia inmaterial y misteriosa sobre la que en principio no se tenía ninguna noticia, con lo cual estaba de más cualquier otra reflexión sobre el tema” . En cierto sentido esta explicación mágica es mucho más reconfortante que la realidad. Al observar físicamente un cerebro resulta desconcertante suponer que de una masa semejante surgió la Novena Sinfonía de Beethoven, y que además controla todas nuestras funciones, actos y pensamientos. ¿Dónde rayos están las ideas? ¿Qué tanto se habría modificado el idealismo platónico en el caso de éste hubiera tenido oportunidad de estudiarlo físicamente? Es imposible saberlo, lo cierto que es que aún en pleno siglo XXI resulta desconcertante cómo es que funciona ese órgano tan complejo y a la vez tan sutil y frágil, cuyo potencial está aún por ser descubierto. Aunque la gran mayoría de los filósofos actuales adopta una posición materialista al afirmar que la mente es una actividad del cerebro. Basados en la se plantea que las partes del cerebro separadas

15, Junio 2012

La ciencia comenzó a acercarse al cerebro hasta bien entrado el siglo XVIII, cuando el fisiólogo suizo Albrecht von Haller observó los nervios bajo una lente. No fue poco lo que éste hombre descubrió. Antes de él “se creía –como nos lo explica Detlev en su obra “Vida, naturaleza y ciencia. Todo lo que hay que saber”- que los nervios eran huecos y servían como canales para un líquido, o para soplo del ” . Pero Heller demostró que los nervios eran irritables y que provocaban el movimiento del músculo. De ahí pasaron varias décadas para que hubiera avances realmente importantes en el conocimiento de este órgano, más allá de los estudios entre tamaño relativo a la masa corporal y desempeño. Posteriormente existe un célebre caso que ayudó a que los estudios que vinculaban la mente con las emociones dieran un brinco inmenso –y que en Antonio Damasio expone con detalle en su magnífica obra “El error de Descartes”-. El 13 de septiembre de 1848 un obrero ferroviario llamado Phineas Gage sufrió un accidente que casi en cualquier circunstancia habría sido fatal: se clavó en la cabeza una barra de acero de cuatro centímetros de diámetro.

01, Mayo 2012

Los tiempos que corren exigen de forma apremiante un nuevo enfoque y, por consiguiente, un profundo cambio de paradigma respecto a cómo nos entendemos a nosotros mismos, al otro y al mundo en que vivimos. Ya no basta con ser congruente consigo mismo y actuar en función de las propias creencias y de la propia conciencia, sino que hoy se hace indispensable ampliar el panorama que no sólo nos incluya a nosotros, sino también a los demás, muy en especial a aquellos que consideramos distintos y que repudiamos de manera casi natural. El hecho de que seamos capaces de ponernos en los zapatos del otro, permite compartir un placer o una aflicción, y naturalmente nos mueve a la acción altruista

24, Abril 2012

Suponemos que en mundo construido geopolíticamente por un conjunto de entidades nacionales más o menos cerradas es posible –y deseable– fijar normas morales y éticas –las propias por encima de las ajenas, desde luego– que nos abarquen a todos, pero en un mundo que parece irreversiblemente marcado por la apertura, la comunicación global, multiculturalidad y la mezcla de razas y religiones, esto termina por ser inoperante. Por si esto fuera poco, en la actualidad comenzamos a padecer las consecuencias de un nuevo problema que en aquellos ayeres de entidades cerradas no existía: el efecto destructivo que el hombre ejerce sobre su propio entorno. Hoy, la nueva realidad social y cultural de la civilización parte de premisas distintas. Ahora en todas las grandes metrópolis existen hombres y mujeres de las más diversas mentalidades y condiciones culturales y raciales, y por otro lado la actividad industrial y el avance tecnológico sin ton ni son han provocado daños ambientales que podrían cambiar las condiciones físicas del mundo en que vivimos.

17, Abril 2012

Oslo, Noruega, viernes 22 de julio del año 2011; cerca de un centenar de personas mueren y otras tantas resultan heridas a consecuencia de las ideas de Anders Behrin Breivik, de 32 años, expresadas previamente en un “manifiesto” de mil quinientas páginas. Basado en un profundo fundamentalismo cristiano, acepta que cometió “acciones atroces, pero necesarias”, por lo que no expresa remordimiento alguno y ni siquiera piensa haber cometido ninguna especie de acto criminal. ¿No es una paradoja macabra que los actos más terribles de la humanidad sean cometidos en supuesta defensa de los principios morales más profundamente arraigados en nuestra cultura? Ante tales hechos, no resulta ocioso echar un vistazo a la ética vigente para tratar de comprender un poco cómo llegamos hasta aquí y como podríamos redirigir el rumbo.