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Rechazo la violencia y el terrorismo, pero no veo en qué sentido la libertad de prensa justifique burlarse aquellos símbolos que son sagrados para otros.
Rechazo la violencia y el terrorismo, pero no veo en qué sentido la libertad de prensa justifique burlarse aquellos símbolos que son sagrados para otros.

15, abril 2015

Rechazo la violencia y el terrorismo, pero no veo en qué sentido la libertad de prensa justifique burlarse aquellos símbolos que son sagrados para otros. No existe nada que pueda justificar un acto criminal contra otro ser humano, y mucho menos si éste se lleva a cabo como consecuencia de una opinión, comentario o crítica, por desafortunada que ésta pudiera ser y en cualquier sentido que ésta haya sido expuesta. Y no, tampoco estoy de acuerdo con el Papa Francisco en el sentido de que la libertad de expresión deba tener límites, porque en ese caso ¿quién y bajo qué parámetros los pondría? No, la libertad de expresión no tiene límite. Lo que si lo tiene (o al menos lo debería tener) es la responsabilidad ética y el respeto hacia los demás de quién se expresa. Yo no profeso ninguna religión ni pertenezco a ningún grupo de culto, sin embargo, y ya que no me es posible meterme en la cabeza de todos los fanáticos y extremistas religiosos para convencerlos que “tomen a bien” cuando a cualquiera con algo de ingenio se le ocurra burlarse de sus símbolos sagrados, lo que sí puedo hacer es volverme hacia mí mismo y preguntarme: ¿Por qué para expresar mis ideas, pensamientos, deseos, críticas, inquietudes, desacuerdos, etcétera, debo utilizar la burla como medio de expresión y encima dirigirla sobre lo que para otros es sagrado? No hay justificación para el terrorismo, es verdad. Pero cómo atrevernos a exigir que nuestra libertad de expresarnos se respete (derecho, por cierto, considerado “sagrado” para el periodismo occidental) cuando nosotros no somos capaces de respetar los símbolos sagrados de ningún credo, pertenezca o no a nuestra cultura. Ejerzamos la crítica más severa sobre leyes injustas, sobre sistemas que atropellen al ciudadano, sobre líderes abusivos e impresentables, sobre las sociedades donde no se respete el derecho de la mujer, donde se discrimine a las minorías, pero ¿por qué burlarse de los símbolos religiosos, sean éstos de la índole que sean? En occidente estamos orgullosos de la tradición laica de la generalidad de nuestros gobiernos y exigimos a las diferentes iglesias y sus ministros que se mantengan al margen de los asuntos de Estado. Magnífico… hagamos lo mismo con ellos: dejémoslos en paz en sus ministerios y cultos. Metamos a la cárcel al pedófilo, pero dejemos en paz las cruces y las iglesias. Castiguemos al opresor, pero dejemos en paz las Mezquitas. Carguemos contra quien discrimina, contra quien ejerce el terror pero dejemos en paz a los profetas y a los libros sagrados.